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Cómo criar juntos a un perro y un gato

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7 min de lectura Última actualización

De PawPedia, una enciclopedia de la vida con animales

Contenido

En resumen

Para criar juntos a un perro y un gato, preséntalos poco a poco. Dale al gato una habitación sin perro con lugares altos, intercambia primero los olores y después deja que se vean a través de una barrera con el perro atado. Premia la calma y nunca permitas persecuciones. Llama al veterinario si el gato deja de comer o se esconde constantemente.

De un vistazo
Un perro dorado de pelo largo y un gato gris comen cada uno de su propio comedero a ambos lados de una barrera blanca y baja, dentro de una casa.
Un perro y un gato comiendo de comederos separados a cada lado de una barrera
El mejor comienzoUna presentación lenta y controlada
Combinaciones más fácilesUn perro joven criado entre gatos o un perro adulto tranquilo del que se sabe que suele ignorarlos
Antes de la llegadaReserva para el gato una parte de la casa en la que el perro nunca entrará
AreneroColócalo donde el perro no pueda alcanzarlo
Primer pasoDurante los primeros días, deja que los animales se huelan sin llegar a verse
Segundo pasoDeja que se vean a través de una barrera de seguridad para bebés o de una puerta entreabierta unos centímetros, con el perro sujeto con correa
Acercarse másSolo cuando el perro pueda estar acostado junto a la barrera y el gato pase por delante sin salir corriendo; tres días para algunas parejas, un mes o más para otras
Primera habitación compartidaEl perro con correa y el gato libre para entrar y salir
Buenas señalesEl perro mira al gato un momento y aparta la vista, y cada uno ignora al otro casi siempre
EvitaLas persecuciones, aunque parezcan un juego
Acude al veterinario siEl gato deja de comer, se esconde casi todo el tiempo u orina fuera del arenero; de inmediato si un gato macho hace esfuerzos y orina poco o nada

Muchos perros y gatos comparten hogar y acaban durmiendo la siesta en el mismo rincón soleado. Las parejas que lo consiguen suelen haber tenido una presentación lenta y bien controlada. Las que nunca llegan a convivir en calma a menudo se conocieron con prisas, con el perro persiguiendo y el gato huyendo, y una primera impresión así puede tardar meses en deshacerse.

Antes de que se conozcan: comprueba si son compatibles

Algunas combinaciones son más fáciles que otras. Un perro joven criado entre gatos, o un perro adulto tranquilo del que se sabe que suele ignorarlos, es una apuesta mucho más segura que un perro con un fuerte impulso de perseguir animales pequeños. Los terriers, los lebreles y algunas razas de pastoreo suelen tener un instinto de persecución más fuerte, aunque dentro de cada raza los perros varían mucho de uno a otro.

Si vas a adoptar, pregunta a la organización de rescate qué sabe sobre cómo se comporta el perro con los gatos. Puede que la respuesta honesta sea que todavía nadie lo sabe, y aun así es útil, porque te indica que debes planificar un comienzo más lento. Cuando nos envíes una solicitud de adopción, cuéntanos si tienes algún gato en casa, y podremos hablarlo antes de que conozcas al perro.

El gato importa tanto como el perro. Un gato adulto seguro de sí mismo que ya ha vivido con perros lo llevará de forma muy distinta que un gato nervioso que nunca ha visto uno de cerca. Los gatitos y los cachorros suelen adaptarse más rápido, pero un gatito es pequeño y frágil, y un cachorro grande puede hacerle daño sin querer mientras juega. Si el gato que llega a tu hogar es un gatito, consulta cómo cuidar a un gatito recién llegado para sus primeros días en casa.

Los animales jóvenes a menudo hacen que parezca fácil. Al día siguiente de encontrar a Milky Cyrus, una pequeña cachorra blanca, ella conoció a un gatito que también habíamos recogido, y los dos exploraron juntos un patio tranquilo. Un perro adulto que conoce a un gato adulto por primera vez necesita el plan más lento que se describe a continuación.

Prepara primero la casa

Antes de que llegue el perro, reserva para el gato una parte de la casa en la que el perro nunca entrará. Una habitación libre detrás de una puerta de seguridad para bebés funciona bien, siempre que la puerta tenga un hueco o una gatera que el gato pueda usar y el perro no. Esa habitación debe tener todo lo que el gato necesita: comida, agua, un arenero, una cama y algo a lo que trepar.

  • Coloca el arenero donde el perro no pueda alcanzarlo. Muchos perros se comen las heces de los gatos, y un gato al que sorprenden en el arenero puede empezar a hacer sus necesidades en otro sitio.
  • Dale de comer al gato en alto o detrás de una puerta de seguridad. A los perros les encanta la comida para gatos, y una dieta rica pensada para gatos puede causarle malestar estomacal a un perro.
  • Añade altura en cada habitación compartida: estantes, un árbol para gatos, la parte de arriba de una estantería despejada. Un gato que siempre puede ponerse por encima del perro rara vez necesita pelear.
  • Deja salidas despejadas. Un gato acorralado detrás de un sofá tiene muchas más probabilidades de reaccionar con agresividad que uno que tiene por dónde irse.

Mantén separadas las dos dietas también por el bien del gato. Los gatos necesitan ciertos nutrientes, como la taurina, que la comida para perros no aporta en las cantidades adecuadas, así que un gato que se llena con frecuencia del cuenco del perro puede acabar mal alimentado con el tiempo.

Primero el olor, después la vista

Durante los primeros días, deja que los animales se huelan sin verse. Intercambia sus camas, o frota un paño suave en las mejillas del perro y déjalo cerca de la comida del gato; después haz lo mismo a la inversa. Deja que cada animal explore la zona del otro mientras el otro permanece encerrado aparte.

Observa las reacciones. La curiosidad, un olfateo rápido y luego alejarse son buenas señales. Un gato que le bufa a una manta te está diciendo que vayas más despacio, y dedicar una semana más a esta etapa no te cuesta nada.

Cuando el olor ya les resulte aburrido a los dos, deja que se vean a través de una puerta de seguridad para bebés o de una puerta entreabierta unos centímetros, con el perro sujeto con la correa. Hazlo a la hora de comer, o con los mejores premios que tengas, para que ver al otro animal anuncie algo bueno. Limita las sesiones a unos pocos minutos y termínalas mientras los dos animales siguen tranquilos.

Premia al perro cuando mire al gato y luego vuelva a mirarte a ti. Ese pequeño hábito es una de las cosas más útiles que puedes enseñarle, porque le muestra que el gato no es algo en lo que deba fijar toda su atención. Si el perro no puede apartar la vista del gato, aléjate más y vuelve a intentarlo al día siguiente.

Acércalos solo cuando el perro pueda echarse cerca de la puerta de seguridad y el gato pueda pasar por delante sin echar a correr. Para algunas parejas eso lleva tres días. Para otras lleva un mes o más, y ambas cosas son normales.

La primera habitación compartida

Los primeros encuentros sin barrera deben hacerse con el perro sujeto con la correa y el gato libre para ir y venir. Siéntate con el perro, mantén la correa floja y premia el comportamiento tranquilo. Nunca lleves al gato en brazos para presentarlo. Un gato que se siente atrapado puede arañarte a ti o al perro, y aprende que el perro significa que lo sujeten en contra de su voluntad.

Deja que el gato decida cuánto acercarse. Muchos gatos observan desde un estante alto durante días antes de bajar. Cuando el perro se mantenga relajado durante varias sesiones seguidas, puedes dejar que la correa arrastre por el suelo mientras lo supervisas, para que todavía puedas pisarla.

Cómo interpretar su lenguaje corporal

La mayoría de los problemas se notan en el lenguaje corporal mucho antes de que nadie se mueva. Aprende las primeras señales y termina la sesión en cuanto aparezca la primera, en lugar de esperar a una embestida o un zarpazo.

  • Señales preocupantes en el perro: una mirada dura y fija, el cuerpo rígido, la cabeza baja como si estuviera acechando, gemir o temblar de excitación, e ignorar la comida o tu voz.
  • Señales preocupantes en el gato: las orejas giradas hacia atrás o aplanadas, la cola erizada, bufidos o gruñidos, esconderse durante largos ratos y caminar agazapado y pegado al suelo.
  • Buenas señales: el perro mira al gato un momento y aparta la vista, los dos animales comen con normalidad en la misma habitación y cada uno ignora al otro la mayor parte del tiempo.

Ese último punto sorprende a mucha gente. La indiferencia mutua es un gran resultado. Con el tiempo puede llegar una verdadera amistad, con siestas compartidas y acicalamiento mutuo, pero una tregua pacífica es un objetivo perfectamente válido por sí solo.

La convivencia a largo plazo

Mantén la habitación segura del gato y sus rutas en alto incluso cuando todo se haya calmado. Separa a los animales cuando salgas de casa hasta que estés completamente seguro de ellos, lo que puede llevar meses. Un cachorro que es delicado a los cuatro meses puede jugar con mucha más fuerza a los ocho, así que sigue supervisándolos a medida que el perro crece.

No permitas las persecuciones, aunque parezcan un juego. Perseguir es divertido para la mayoría de los perros y da miedo a la mayoría de los gatos, y un perro que lo practica cada vez lo hace mejor. Enséñale un “déjalo” fiable y a quedarse tranquilo sobre una alfombrilla, y usa estas órdenes antes de que el perro se excite, no después.

Dedica a cada animal un tiempo a solas contigo. Los gatos suelen salir perdiendo cuando un perro nuevo se adueña de la sala de estar, y un gato que se siente desplazado puede empezar a marcar con orina o a acicalarse hasta que se le formen zonas con poco pelo. Ambas cosas también pueden tener causas médicas, así que coméntaselas a tu veterinario. Una sesión diaria de juego de unos minutos con un juguete de caña ayuda al gato a tranquilizarse.

Cuándo pedir ayuda

Llama a un veterinario si el gato deja de comer, se esconde casi todo el tiempo o empieza a orinar fuera del arenero. El estrés puede desencadenar enfermedades reales en los gatos, como una dolorosa inflamación de la vejiga, y un gato que no come nada durante más de un día puede enfermar gravemente con rapidez. Un gato macho que hace esfuerzos en el arenero y orina poco o nada necesita un veterinario de inmediato, porque puede significar que tiene la vejiga obstruida.

Recurre a un especialista cualificado en comportamiento animal si el perro sigue con la atención fija en el gato después de varias semanas de trabajo cuidadoso, o si ya ha habido un ataque. Algunos perros no deberían vivir con gatos, y reconocerlo pronto es más amable con ambos animales que confiar en que se pase. Si adoptaste con nosotros, escríbenos y describe lo que está ocurriendo entre los dos animales, ya que seguimos en contacto con las familias adoptantes y ayudamos en lo que podemos.

Este artículo ofrece información general, no asesoramiento veterinario. Consulta siempre a un veterinario sobre la salud de tu animal. Algunas imágenes de PawPedia pueden haber sido generadas con IA.

Esta página se actualizó por última vez el 30 de septiembre de 2026.

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