Peritonitis infecciosa felina (PIF): signos, diagnóstico y tratamiento
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Contenido
En resumen
La peritonitis infecciosa felina (PIF) es una enfermedad grave causada por una forma alterada del muy común coronavirus felino. Hoy en día, los medicamentos antivirales permiten que la mayoría de los gatos con PIF se recuperen. Acude pronto al veterinario si hay fiebre recurrente, falta de apetito, pérdida de peso o abdomen hinchado, y el mismo día si hay dificultad para respirar, convulsiones o ceguera repentina.

| También llamado | PIF |
|---|---|
| Causa | Una forma modificada del coronavirus felino, un virus muy común que en la mayoría de los gatos no causa signos o solo una diarrea leve |
| Edad habitual | Sobre todo gatos jóvenes; alrededor de 8 de cada 10 casos se dan en gatos menores de 2 años |
| Cómo se transmite | La PIF en sí rara vez se transmite entre gatos; cada gato enfermo suele desarrollarla a partir de su propio virus modificado |
| Signos frecuentes | Fiebre que reaparece una y otra vez, poco apetito, pérdida de peso, abdomen hinchado, respiración dificultosa, ojos turbios o marcha tambaleante |
| Diagnóstico | No existe un único análisis de sangre sencillo; los veterinarios reúnen varios indicios |
| Tratamiento | Medicamentos antivirales como el remdesivir o el GS-441524, según el plan que fije el veterinario, normalmente de 6 a 12 semanas |
| Pronóstico | Las guías de expertos indican que más del 85 % de los gatos tratados se recuperan |
| Prevención | Limitar la exposición al coronavirus felino y mantener bajo el estrés |
| Riesgo para las personas | El coronavirus felino no se transmite de los gatos a las personas |
| Es una urgencia si | Respiración dificultosa o con la boca abierta, convulsiones, colapso, ceguera repentina, no comer nada durante un día, abdomen que crece rápidamente junto con debilidad |
La peritonitis infecciosa felina, o PIF, es una enfermedad grave causada por una forma modificada de un virus muy común en los gatos. Durante décadas fue casi siempre mortal. Los medicamentos antivirales han cambiado esa situación, y hoy la mayoría de los gatos con PIF pueden recuperarse.
Esta guía explica qué suelen notar los dueños, cuándo acudir al veterinario con urgencia, cómo suelen confirmar la enfermedad los veterinarios y cómo reducir el riesgo en hogares con varios gatos.
Cómo se desarrolla la PIF
La PIF comienza con el coronavirus felino. Este virus es muy común, sobre todo donde conviven muchos gatos. En la mayoría de los gatos permanece en el intestino y no causa signos, o solo una diarrea leve que desaparece.
Los gatos suelen contagiarse a través de las heces de otros gatos, en la mayoría de los casos por compartir el arenero. El virus también puede transportarse en la arena, las camas y otros objetos. Los gatitos a menudo lo contraen de su madre o de otros gatos adultos cuando tienen pocas semanas de vida.
En una pequeña parte de los gatos infectados, el virus cambia dentro del organismo. La forma modificada puede propagarse por el cuerpo dentro de los glóbulos blancos. La propia respuesta inmunitaria del gato frente a ella causa una inflamación dañina, y eso es lo que enferma al gato. La mayoría de los gatos infectados nunca desarrollan PIF. Las estimaciones indican que alrededor del 5 al 10 % sí la desarrolla.
La PIF puede presentarse de forma muy distinta de un gato a otro. En la forma húmeda, o efusiva, se acumula líquido en el abdomen, en el tórax o en ambos. En la forma seca, o no efusiva, la inflamación afecta a órganos como los ojos, el cerebro, el hígado, los riñones o los intestinos. Algunos gatos muestran signos de ambas, y el cuadro puede cambiar con el tiempo.
Gatos con mayor riesgo
La PIF es sobre todo una enfermedad de gatos jóvenes. Alrededor de 8 de cada 10 casos se dan en gatos menores de 2 años, y cerca de la mitad, en gatitos de menos de 7 meses. Los gatos mayores de 10 años también tienen un riesgo algo mayor.
Vivir en un grupo grande de gatos, como un refugio, un criadero o un centro de rescate con muchos animales, aumenta el riesgo. Los gatos de raza, los machos y los gatos con el virus de la leucemia felina (FeLV) o el virus de la inmunodeficiencia felina (FIV) tienen asimismo un riesgo mayor. El estrés también influye. La PIF suele aparecer después de un cambio estresante, como la mudanza a un nuevo hogar, una estancia en un refugio o una cirugía.
Por eso se habla de la PIF cuando se trata de gatos rescatados y recién adoptados. Un gato joven que viene de un lugar abarrotado y acaba de cambiar de hogar reúne varios factores de riesgo a la vez. La mayoría de estos gatos se mantienen sanos. Aun así, la fiebre, el poco apetito o la pérdida de peso en los primeros meses tras la adopción merecen una visita rápida al veterinario.
En Paw Squadron, las primeras paradas después de cada rescate son el veterinario y un baño, y cada animal recibe una revisión veterinaria, tratamiento, vacunas y un microchip antes de la adopción. Ninguna prueba puede predecir qué gato desarrollará PIF más adelante, por eso conviene que los adoptantes conozcan los signos.
Signos que hay que vigilar
Los primeros signos suelen ser vagos y pueden aparecer y desaparecer. Es frecuente que los dueños noten algunos de los siguientes.
- Fiebre que reaparece una y otra vez y no mejora con antibióticos
- Cansancio y menos interés por el juego
- Poco apetito o rechazo de la comida
- Pérdida de peso
- Abdomen hinchado y redondeado por acumulación de líquido
- Respiración rápida o dificultosa cuando se acumula líquido en el tórax
- Un tono amarillento en las encías, la piel o el blanco de los ojos
- Ojos turbios, sangre dentro del ojo o problemas de visión
- Marcha tambaleante, cambios de comportamiento o convulsiones
La forma húmeda suele empeorar en cuestión de días o semanas. La forma seca tiende a avanzar más despacio, a lo largo de semanas o meses. Como estos signos coinciden con los de muchas otras enfermedades, el veterinario puede necesitar más de una visita y varias pruebas para llegar a una respuesta.
Cuándo es una urgencia
Algunos signos requieren atención veterinaria el mismo día. Si tu gato presenta alguno de ellos, lo mejor es contactar de inmediato con tu veterinario o con una clínica veterinaria de urgencias.
- Respiración con esfuerzo, respiración con la boca abierta o respiración rápida en reposo
- Una convulsión, un colapso o dificultad repentina para mantenerse en pie o caminar
- Ceguera repentina o sangre visible dentro del ojo
- No comer nada durante un día, sobre todo en un gatito
- Un abdomen que crece rápidamente, junto con debilidad
El líquido en el tórax puede dificultar mucho la respiración en muy poco tiempo. Un veterinario puede drenar el líquido para ayudar al gato a respirar con más facilidad mientras continúan las pruebas.
Cómo diagnostican los veterinarios la PIF
No existe un único análisis de sangre sencillo para la PIF. Un resultado positivo en una prueba de anticuerpos contra el coronavirus solo indica que el gato ha estado en contacto con el virus en algún momento, algo que ocurre en muchos gatos sanos. En su lugar, los veterinarios reúnen varios indicios.
Empiezan por la edad del gato, su historial y una exploración completa. Los análisis de sangre a menudo muestran un patrón compatible con la PIF, como niveles altos de unas proteínas llamadas globulinas, albúmina baja y cambios en los glóbulos blancos y rojos. Una ecografía puede mostrar líquido, ganglios linfáticos agrandados o cambios en los órganos.
Si hay líquido en el abdomen o en el tórax, una muestra es de gran ayuda. El líquido de la PIF suele ser amarillo, viscoso y rico en proteínas. El laboratorio puede buscar el virus en el líquido mediante una prueba PCR o con una tinción especial de las células. Cuando no hay líquido, el veterinario puede tomar con una aguja fina una pequeña muestra de un órgano o ganglio linfático afectado. Los gatos que solo tienen signos oculares o neurológicos pueden ser más difíciles de diagnosticar y quizá necesiten más pruebas. Una mejoría rápida tras empezar el tratamiento también puede respaldar el diagnóstico.
Tratamiento actual
Hasta hace poco, los veterinarios solo podían ofrecer cuidados paliativos. Los fármacos antivirales han cambiado esa situación. Medicamentos como el remdesivir y el GS-441524, estrechamente relacionado con él, impiden que el virus se replique. Las guías de expertos indican que más del 85 % de los gatos tratados se recuperan.
Hoy la mayoría de los gatos toman el medicamento por vía oral. Los gatos muy enfermos pueden recibir inyecciones al principio. Muchos gatos empiezan a mejorar en pocos días. La fiebre baja, el apetito vuelve y recuperan la energía.
El tratamiento suele durar de 6 a 12 semanas. Durante años, lo habitual fueron 12 semanas. Investigaciones más recientes muestran que un tratamiento de 6 semanas puede funcionar igual de bien en muchos gatos, y las guías de expertos recientes lo reflejan. Los gatos con afectación ocular o cerebral pueden necesitar un plan distinto. El veterinario fija la duración según la forma de PIF y la respuesta del gato.
Al principio suelen ser necesarios cuidados de apoyo. Pueden incluir el drenaje de líquido, fluidoterapia para la deshidratación, medicamentos contra las náuseas y ayuda para comer. Los controles periódicos con análisis de sangre permiten al veterinario seguir la evolución y decidir cuándo suspender el tratamiento. Algunos gatos recaen después de terminar el tratamiento, por lo que las visitas de seguimiento suelen continuar durante un tiempo.
El acceso legal a estos antivirales varía de un país a otro. En algunos lugares, los veterinarios pueden recetar formas legales de estos medicamentos. En otros, los dueños se encuentran con productos no regulados que se venden en internet, cuyo contenido y calidad no se controlan. Se recomienda hablar de las opciones con tu veterinario y seguir el plan de tratamiento completo que establezca.
Otras mascotas y las personas
La PIF en sí rara vez pasa de un gato a otro, porque cada gato enfermo suele desarrollarla a partir de su propio virus modificado. Aun así, un gato con PIF puede portar el coronavirus felino y eliminarlo en las heces, como hacen muchos gatos sanos. Lo más probable es que los demás gatos de la misma casa ya hayan estado expuestos. Tu veterinario puede aconsejarte si tiene sentido usar areneros separados o tomar otras medidas en tu hogar.
Los perros no contraen la PIF. El coronavirus felino no se transmite de los gatos a las personas, y es un virus distinto del que causa la COVID-19.
Cómo reducir el riesgo en casa
No existe una forma fiable de vacunar contra la PIF. En algunos países se vende una vacuna, pero no se ha demostrado que proteja bien, y las guías de vacunación felina la clasifican como no recomendada en general. La prevención se centra en limitar la exposición al coronavirus felino y mantener bajo el estrés.
En hogares con varios gatos, suelen recomendarse estas medidas.
- Un arenero por gato, más uno adicional
- Retirar los desechos al menos una vez al día y limpiar los areneros con regularidad
- Areneros colocados lejos de los comederos y bebederos
- Grupos pequeños, idealmente tres gatos o menos por habitación
- Presentaciones graduales para los gatos nuevos y sin hacinamiento
La mayoría de los desinfectantes domésticos inactivan el coronavirus felino, por lo que la limpieza regular de areneros, cuencos y camas ayuda.
Si has adoptado un gato joven y notas alguno de los signos anteriores, es buena idea acudir a tu veterinario y mencionar la PIF como posibilidad. Un diagnóstico precoz da al tratamiento la mejor oportunidad de funcionar. Puedes leer más guías sobre la salud de los gatos en PawPedia o encontrar respuestas sobre la adopción en nuestras preguntas frecuentes.
Véase también
De nuestros rescates
Este artículo ofrece información general, no asesoramiento veterinario. Consulta siempre a un veterinario sobre la salud de tu animal. Algunas imágenes de PawPedia pueden haber sido generadas con IA.
Esta página se actualizó por última vez el 30 de septiembre de 2026.


